
Escribir y volver a hacerlo.
Una y otra vez re escribir lo escrito. Volver a escribir sobre ese fondo contrastante, buscando algún pedacito más de espacio que puede haber quedado entre aquello que puso Pitu y dejó Gastón.
Referencias cruzadas, que van de identidad en identidad. Algunas se completan, otras se repelen. En esta maraña de liquid paper blanco, la saturación y ritmo de las inscripciones retumban en silencio, anulando cualquier marca particular.
Lo que queda, nada nos dice sobre Facu, o Maca, o los teamos eternizantes, o sobre quiénes son y qué hacen Los Guachos de Empalme.
Estos datos tan particulares y precisos caen en una ilegibilidad, invariablemente, anónima.
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