viernes, 4 de noviembre de 2011
La heladerita azul
- Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
El hombre gritaba frente mío, refugiándose del sol en la casi única sombra que tiene hoy la Plaza San Martín. Sus dos manos las tenía ocupada. En una llevaba una heladerita de plástico azul con manija blanca. En la otra, una bolsa de plástico grande, resistente, blanca con letras rojas que no pude leer bien.
Cruzado sobre su espalda, colgaba un bolso con una sola tira, que pendía con mucho peso hacia el suelo.
- Por Dios, no doy más! No doy más!!! Yo no sé si esto está muy pesado o yo estoy más viejo. Pero no doy más.
Dejó con decisión y cuidado todos estos bartulos en el piso y camino hacia el cantero en el que estaba yo para descansar un momento. Se secó con una mano la cara empapada y sin mediar más se puso a explicarme:
- Vengo del Mercado Norte. Sabés qué es traer todo este peso desde el Mercado Norte? No te das una idea de lo pesado que está esto.
En esa heladerita... acabo de comprarla en Ferniplast, barata. Qué te parece? Cien pesos, me salió. Y vierás qué resistente que es. Yo cuando la ví pensé que no iba resistir, pero... ese plástico, de las manijas es duro, resistente... Mirá...
Y se acerca hasta la heladerita que irradiaba calor aún y la abre. Adentro había botellas de medio litro de fanta naranja.
- Veinticuatro me entraron... no alcanzó el espacio para todos los pack pero veinticuatro, son muchas botellas. No? Qué te parece? Es para mi hija. Cumpleaños. Para mi hija y las amigas de mi hija. Vengo con todo este peso desde allá, me cansé como no pensaba. Y mirá...
Se acerca hasta la bolsa, la trae hasta el cantero y la abre.
- Las botellas que no entraron las puse acá en la bolsa, pero es más incómoda esta bolsa... Para colmo ando con las herramientas. Justo hoy se me ocurre salir con todas las herramientas! Dos mazas, dos puntas... hierro, hierro, hierro! No sé por qué hice eso, pero bue... ya está. Me queda el último tirón hasta la parada y ya está.
Recién ahí me permitió meter algunas palabritas en la conversación. Hasta el momento sólo me limitaba a levantar las cejas, sonreirme y mirar cada uno de sus ademanes.
- Eh, hombre! Con todo ese peso anda, para colmo justo hoy con todo este calor! Es mucho!
- Sí, bueno pero es el cumpleaños de mi hija. Y mirá:
Abre de nuevo la bolsa y sacá un salamín de unos 60 centímetros.
- Para mi hija y las amigas de mi hija. Que haga una picada con las amigas. Está bueno este fiambre? Sesenta y seis pesos, pero es del bueno, eh! También compré uno más chiquito... para mí...
- Muy bien! Para compensar todo este esfuerzo.
- No, nooo. Es para la obra. Para llevarle a los chicos de la obra.
- Ah, bien. Muy bien.
- No para mí... no. Voy a cumplir 50 años yo. El sábado cumplo. Y ya me estuvieron preguntando que qué voy a querer... les dije: una cuchara y una punta más, para seguir trabajando para ustedes... se quedaron mudos.
Pero es cierto... Me decían que me tome un taxi, pero qué me voy a tomar... está bien que uno trabaja para tener su dinero, pero un taxi hasta donde yo vivo, no!!! Miré, yo le cuento, vivo detrás de Villa Belgrano, me va a salir una fortuna un taxi.
- Claro! No, un taxi hasta allá es muy caro. Para allá cuál va, el E1 o el E4?.
- El E1 va. Me deja ahí nomás. El N3 también va, pero el E1, me deja justo ahí en la placita. El N3 me deja a dos cuadras de la placita, donde dobla... Ahora sí, ni bien suba en el colectivo, voy a llamar para que me busquen cuando llegue, porque subir con todo este peso... no!!! Para colmo tengo mi otra hija de 27 años, que está enferma y no puede trabajar porque tiene un esguince... pero bueno que me busquen de alguna manera.
- Sí, por supuesto. Que alguien le dé una mano con todo ese peso y encima con este calor, por lo menos una ayuda seguro.
- Sí. Taxi, no. Es muy caro. Total me subo en el colectivo. Total... a quién puedo molestar con mis cositas. Me subo, no molesto a nadie, viajo tranquilo y más barato.
- Y sí...
- Bueno, hago el último esfuercito hasta la parada.
Se levanto, se cruzo de nuevo el bolso de trabajo por la espalda. Se enroscó la bolsa de plástico en la mano izquierda. Agarró con la derecha la manija de la heladerita nueva. Y con la vista al frente se despidió:
- Adios mujer.
Sin esperar respuesta, lentamente se perdió entre la gente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario