Digamos que el tipo, que no es tipo, se metió por la ventana.
Me asusté. Se asustó. Nos asustamos. Automáticamente busco una pose de ficción, extendíó sus brazos y mostró sus alas con un ruido seco, como si estuviera abriendo filosos abanicos. A la escena sólo le faltó un gritito de guerra.
Me vió. Lo ví...
- Ridícula.
- Ridículo.
- Los insectos no posan como actores de artes marciales.
- Los humanos no se fijan en los insectos, los aplastan sin titubeos.
Entonces, ante tanta verdad junta, decidió ignorame y yo sacarle fotos.
La indiferencia es un escudo impenetrable. Altivo, señorial, subió a la mesa con una naturalidad pasmosa. Pispeó la remera recién traida de San Antonio, busco una esquinita y comenzó a limpiarse como si estuviera solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario