viernes, 24 de febrero de 2012

Mamboretá

 



Digamos que el tipo, que no es tipo, se metió por la ventana.
Me asusté. Se asustó. Nos asustamos. Automáticamente busco una pose de ficción, extendíó sus brazos y mostró sus alas con un ruido seco, como si estuviera abriendo filosos abanicos.  A la escena sólo le faltó un gritito de guerra.

Me vió. Lo ví...

- Ridícula.
- Ridículo.

- Los insectos no posan como actores de artes marciales.
- Los humanos no se fijan en los insectos, los aplastan sin titubeos.

Entonces, ante tanta verdad junta, decidió ignorame y yo sacarle fotos.

La indiferencia es un escudo impenetrable. Altivo, señorial, subió a la mesa con una naturalidad pasmosa. Pispeó la remera recién traida de San Antonio, busco una esquinita  y comenzó a limpiarse como si estuviera solo.

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